Roberto Cabrera

“He tenido el privilegio de ser el primer hijo de 5 hermanos; crecí en medio de la austeridad haciéndome fuerte con las necesidades que me tocó vivir. Como no tuve las posibilidades para estudiar una carrera, aprendí cuanta cosa se me puso por delante haciendo de la vida un montón de retos. Es por eso que todo lo que hasta hoy he conseguido lo valoro mucho.

El centro de mi vida son mis sentimientos, así como mis hijos y mi esposa. Hoy en día pienso y siento que la vida me ha dado la oportunidad de aprender lo necesario para poder vivir y ser feliz.

Soy un poco desconfiado hasta que no me demuestren lo contrario y no hago amigos con facilidad. Aun siento que llevo la inocencia dentro. Observo a las personas, pienso y  analizo las cosas que me dicen. Me gusta el sentido del humor, ayudar a las personas que lo necesitan, ser agradecido con las personas que me dan la mano y olvidar malos momentos porque la vida es una sola y los días no volverán.

Una de las cosas que me agrada es estar lejos de la ciudad, del ruido y la contaminación; la vegetación, tranquilidad y el aire limpio son remedio para el cuerpo, para crecer, madurar y envejecer. Hoy creo que este perfil me ayudó para enamorarme de Huamanpata.  Aunque  empecé haciendo lo que todo el mundo hacía, criando vacas, siempre me llamó la atención  hacer algo grande y único.

Hace como 5 o 6 años de vez en cuando gente de Mendoza y otros lugares llegaban a Haumanpata y me visitaban y comentaban que era un lugar hermoso y con muchos atractivos;  y así nació la idea de hacer algo para que la gente que venía y se sintiese más a gusto.

La idea fue creándose poco a poco a medida que se hacía realidad.  Luego conocí a  unos amigos quienes tras ver el lugar y el potencial que tenía, me dieron más ideas para consolidar el proyecto, y es así que junté todos los sencillos y la experiencia como carpintero y empecé a hacer las casitas (bungalós).

Fueron dos años de duro trabajo. A veces el cansancio era más grande que el proyecto y el desánimo a lo todo, a  si algún día funcionaría, ya que estaba involucrando a mis hijos y mi esposa. Ellos, a veces me criticaban, pero para mí eran cosas que ya había sentido muchas veces con anterioridad. La razón de seguir era mi futuro y el amor a Huamanpata. Ahora me siento muy orgulloso de haber casi concluido este reto y me llena de satisfacción el vivir en este lugar. No hay palabras para describir el gusto que se siente al estar en Huamanpata, así que solo les queda una cosa: venir a visitarme y que no quieran regresar”.

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